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Txipirones encebollados
Los compré el miércoles congelados y baratitos (unos 3€), los descongelé en la nevera y los preparé el jueves. Según volvía a casa no hacía más que pensar en los txipirones, en hacerlos encebollados.
Ingredientes
(para 2 personas)
- 1 cebolla (grandota)
- 1 puerro (mediano)
- 1/2 pimiento italiano
- 1 diente de ajo
- 1 vaso de vino blanco
- 1/2 kg de txipirones
- aceite de oliva
Elaboración
Haremos la limpieza de los txipirones de forma habitual.
Mientras tanto pondremos a dorar el ajo en trozos muy pequeños, añadiremos inmediatamente la cebolla troceada muy fina, el puerro y el pimiento. Cuando se pongan transparentes la cebolla y el puerro añadiremos el vaso de vino blanco. Lo dejaremos a fuego suave hasta que el líquido se evapore.
Los txipirones limpios los freiremos en una sartén con tapa durante un par de minutos. Y listo, sólo falta servirlo en los platos de los comensales.
Por cierto, que me guardé tres txipirones para hacer un arroz con nori y empezar bien el fin de semana, que por lo general ha estado muy bien.
Picando en días de mal tiempo
Hoy no está el día para salir a alternar, no, el día es frío y húmedo. Llueve, graniza y dicen que no muy lejos nieva, ha habido rayos y truenos y no apetece salir. Así que nos hemos preparado unos vermús con toques de bitters, un poquitín de Angostura y Campari en nuestro caso.
Antes de ponernos con el vermú hemos puesto al fuego un arroz ligero, que ya se sabe que si no lo haces antes, después del vermú es más difícil. Para picotear hemos improvisado unas galletitas saladas, unos cacahuetes y unas aceitunas.
Después de la siesta quería salir a dar una vuelta pero me han propuesto tomar un chocolate a la taza con alguna de las torrijas que he hecho para mañana, y claro, ante ese plan no he podido resistirme. Saldré a la noche, antes de que no pueda salir por la puerta de tanto comer.
Migas de pastor y costilla de cordero
El domingo, después de recoger la casa, dimos un pequeño paseo, muy pequeño, porque no necesitamos andar mucho para encontrar cosas bonitas, así que en unos pocos metros vimos un gran tronco de haya en la orilla del río, unas piedras que sirven para hacer pinturas, florecillas preciosas, boj, etc. Algunos aprovecharon para poner los pies en remojo, estaba el agua helada, dijeron que sentaba muy bien pero yo no me atreví, me senté en una piedra al sol a esperarles.
El día anterior, reservamos una mesa en la borda Chiquín (camino a Zuriza desde Ansó). Casi por unanimidad comimos migas de pastor, riquísimas, esponjosas, tiernas, sabrosas, … lo tengo que repetir.
De segundo unos pidieron ciervo, otros bacalao, otros costilla de cordero y yo creo que todo estaba bueno.
De postre, lo típico, requesón, queso, cuajada, natillas, fruta, helado… ¿Dónde está el truco? En un menú no muy extenso pero muy especializado, y ¿el precio? 16€ con vino pero sin café. No está nada mal para un domingo.
Fin de semana pirenaico
A pesar del cansancio de la semana, a pesar de que ya llevaba mi cupo de querencia a la conducción cubierto, a pesar de que tenía mil cosas en la cabeza (que no se me olviden las botas de monte, el polar, el chubasquero bueno, los pantalones que se secan rápido, la cantimplora, las gafas de sol, crema, cacao para los labios…) el fin de semana pirenaico me ha servido de mucho. Eso que no ha hecho un tiempo buenísimo, eso que sólo eran dos días y que anduvimos haciendo el cabra por las laderas en pleno deshielo.
Pero todo tiene sus compensaciones, la satisfacción de ver unos paisajes que quitan el hipo, unos valles de los que hay mil rutas y caminos por recorrer, mil ríos que pasar, mil flores de la montaña que fotografiar, mil árboles que observar, etc. Me gustó hasta cuando se puso a llover y granizar, el cielo se puso precioso sobre las montañas, el ruido de los truenos, el agua corriendo en todas direcciones, la lluvia y los ríos, y de pronto te sientes viva y corres con el mínimo cuidado de no caerte pero saltas el río sin tantos miramientos como cuando no llovía. Ese momento en una borda con la puerta rota y un agujero en la pared, en el que por un momento, piensas que vas a pasar la noche allí comiendo lo que queda del chocolate y los frutos secos. Todo se arregla, y deja de llover, había que bajar rápido pero sin caerse, lo hicimos fenomenal, cada uno en su estilo.
De todas formas, como en todos los viajes con amigos, lo mejor de todo son los momentos de fraternidad, el desayuno con bizcocho casero pletórico y el mejor pastel de arroz que hemos comido nunca, gracias a la generosidad de la madre de algunas, ¡qué suerte de madre! Las comidas con anécdotas, historias, chistes y risas, o las migas de pastor y las costillas de cordero, pero eso se merece otra anotación.











