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Unos días en Córdoba
Había estado en Córdoba hace años. Conocía y recordaba su olor, olor a azahar y flores, era otra época del año. Esta vez, no olía a lo mismo, hacía mucho más calor y había más turistas. De todas formas nos lo hemos pasado bien, no sé si mejor que aquella vez pero muy bien. Córdoba es una ciudad seria y un tanto austera, amable y atenta, pequeña y humilde.
Raciones, medias raciones o tapas, finos, cervezas, claras, mezquita, sinagoga, puente romano, Guadalquivir, alcázar, Judería, patios, callejeo tonto, y a pasar el tiempo, siesta al mediodía con baño en piscina, que no conviene estar al sol a esas horas. Salmorejos, flamenquines, gazpachos, berenjenas fritas con miel, croquetas, pisto, embutido de cerdo, y más. No hemos pasado hambre.
En la Judería, lo importante no es entender donde va el camino, más bien hay que entender cómo se compone el barrio. Las calles no son horizontales o verticales, ni siquiera diagonales, son sólo calles para llegar a algún sitio.
Fuera de la Judería están los sitios que te recomiendan los cordobeses, Bodegas Campos (tiene unos carteles muy chulos) o Taberna San Miguel (Casa El Pisto), que tienen una carta limitada pero muy controlada, para no confundir y no fallar.
En Córdoba nacieron Séneca, Averroes, Maimónides, Abas Ibn Firnas, Juan de Mena, Luis de Góngora y Manolete. A pesar de estar llena de historia, no es una ciudad que mira al pasado, es una ciudad que vive el presente, lo aprovecha bien y empieza a mirar el futuro. La zona está habitada desde la prehistoria, pasando por la época prerromana, romana, visigoda, musulmana, hasta llegar a la cristiana, ves huellas de estas épocas dándote un paseo sólo por la mezquita.
Una pena que tengo es que no mira al Guadalquivir, que no lo disfruta, y la realidad es que es una gozada sentarse cerca, por ejemplo cuando está cayendo el sol. Para ver volar a todas esas aves, ¡cuánta riqueza! Uno de los mejores momentos, sentado en la única terraza que vimos al lado del río, comiendo unas fantásticas croquetas y berenjenas, el sitio se llama Bar Restaurante Ayesta. Estaría bien dejar de tratar al río como un obstáculo y empezar a disfrutar de sus márgenes y sus pasos. Lo mismo que redescubriendo el mihrab.
Los guiris nos solemos mover por la judería, pero los cordobeses se mueven hacia el otro lado de la mezquita, por ejemplo en la plaza de La Corredera, donde cada noche se reúnen para tomar algo entre amigos. Y sin exagerar en los precios. Hasta los horarios son distintos en una zona y en otra.
Pepito y cerveza
Con lo que me gusta a mí este bocadillo, pepito con pimientos y una buena cerveza alemana. ¡Qué bien cenamos ayer!
Soy fan de las cervezas alemanas, es verdad, pero la realidad es que las son mucho mejores que las cervezas locales. Las locales tienen la burbuja gorda y rasposa, sin embargo las alemanas, tienen la burbuja pequeña y suave.
Por cierto, el sitio se llama Fük, tiene más cosas además de bocadillos, algunas raciones, platos combinados y cierta variedad de cervezas, no siempre tienen las mismas.
Migas de pastor y costilla de cordero
El domingo, después de recoger la casa, dimos un pequeño paseo, muy pequeño, porque no necesitamos andar mucho para encontrar cosas bonitas, así que en unos pocos metros vimos un gran tronco de haya en la orilla del río, unas piedras que sirven para hacer pinturas, florecillas preciosas, boj, etc. Algunos aprovecharon para poner los pies en remojo, estaba el agua helada, dijeron que sentaba muy bien pero yo no me atreví, me senté en una piedra al sol a esperarles.
El día anterior, reservamos una mesa en la borda Chiquín (camino a Zuriza desde Ansó). Casi por unanimidad comimos migas de pastor, riquísimas, esponjosas, tiernas, sabrosas, … lo tengo que repetir.
De segundo unos pidieron ciervo, otros bacalao, otros costilla de cordero y yo creo que todo estaba bueno.
De postre, lo típico, requesón, queso, cuajada, natillas, fruta, helado… ¿Dónde está el truco? En un menú no muy extenso pero muy especializado, y ¿el precio? 16€ con vino pero sin café. No está nada mal para un domingo.
Cenar en el Helmántico
El Helmántico, ese (grasa)bar que no es del gusto de todos, pero que otros lo hemos apuntado entre los favoritos, es un lugar donde todo tiene solera, más bien, una capa de grasa, nicotina y polvo bien gorda. ¿Qué le vamos a hacer si también nos gustan los grasabares?
A cambio de unos 20€ podréis dar cuenta de unos riquísimos ibéricos, un pulpo que estaba muy bien y la estrella de la cena y la digestión, el cordero, pletórico. Todo regado con vino de La Rioja. Postres no había ese día, pero nosotros con un café con copa estamos servidos (o todo junto, un carajillo).
Yo aviso, no todo el mundo puede con él. Hay que tener especial cuidado en el baño de no marearse a causa de la lejía, porque puedes terminar muy mal si te caes. A algunos, las paredes les parecen peligrosas también y no se admiten más de 12 comensales en tan exclusivo local (más de 12 no entran amigos). Pero a este precio, no dan tan ricos manjares en mantel de hilo y vajilla de porcelana. Pero mejor no vayáis que yo ya quiero ir de nuevo y puede que no haya sitio.
Antes de ir a cenar podéis pasaros por Marzana 16, si no está muy muy lleno, que últimamente nos gusta a muchos este sitio. Después de cenar, la noche se complica y se nubla un poco, pero todo terminó bien y guardamos un buen recuerdo.
Anotación dedicada a volante, por organizar la cena.











