El pan tiene mucha magia, me refiero a hacer pan en casa. El primer pan salió mal, no le dí fuerza, por culpa de mi mala manía de leer las recetas por encima, no pudimos terminar el pan. Al día siguiente me leí bien el blog de Ibán, que para eso del pan es un verdadero maestro y además me compré un libro. Y esta vez, sí. Aunque dada mi tendencia a la indisciplina, no seguí al 100% la receta, hice pequeñas variaciones, poco arriesgadas y que me salieron bien. Me salieron 2 panes integrales, con semillas de sésamo y germen de trigo estupendos.
Hacer pan tiene algo de adictivo, porque al día siguiente ya estaba maquinando más, esta vez blancos y con pipas de girasol. No hay mejor plan para un sábado por la noche, hacer pan y ver tu serie favorita. ¡Ay ama! Qué dirá mi madre de todo esto, me lo dijo hace como un año, “tú terminarás haciendo tu propio pan”, entonces no entendí nada, pero mi madre acertó.
Me voy a animar con la masa madre, intentaré cuidarlo un poco más que la vez anterior que fue desastrosa, creo que fue por los cambios de temperatura. En pleno invierno, hacía mucho frío, encendíamos la calefacción y la masa sufrió lo indecible.
Entre panes, llegamos al domingo, a nuestro día del vino. El de la tienda de vinos, nos dijo que en su opinión era el mejor syrah español actualmente, me refiero a Vallegarcía Syrah 2005. Para nosotros era el primer syrah sin mezcla, un syrah 100%. Estaba muy bueno, ese afrutado con toques acompotados y ese tánico, que mola tanto.
Este domingo disfrutamos de forma especial con el pan y el vino, y sin querer hacer publicidad cristiana también con el foie gras y la costilla de cerdo con verduras asadas, haciendo todo tipo de planes para panes.















